La pésima mezcla de beber y conducir

En una columna de opinión, Juan Videla Alfaro, máster en Salud Mental de la Facultad de Enfermería de la Universidad Andrés Bello, reflexiona sobre los riesgos de manejar bajo los efectos del alcohol, una conducta que sigue cobrando vidas en cada celebración.
Cada año en Chile, cientos de familias enfrentan la pérdida de un ser querido producto de accidentes de tránsito vinculados al consumo de alcohol. Aunque pueda sonar como una advertencia repetida, la realidad es que alcohol y conducción nunca son compatibles.
Durante las pasadas Fiestas Patrias de 2024 se registraron 1.546 accidentes de tránsito en el país, con un saldo de 61 fallecidos. Si bien hubo una reducción del 30% en accidentes respecto a 2019, las muertes aumentaron en un 54%. Detrás de estas cifras se esconden historias truncadas, familias quebradas y tragedias que pudieron evitarse.
El alcohol no solo “relaja”, como muchos creen. También afecta la coordinación motora, reduce la capacidad de reacción, distorsiona la percepción del entorno y genera una peligrosa falsa sensación de seguridad. “Basta con una copa para que el cerebro pierda eficiencia en tareas que exigen atención dividida, como es conducir”, advierte el especialista.
Además, el consumo de alcohol suele estar asociado a factores emocionales como el estrés, la tristeza, la presión social o la evasión. Por eso, la prevención no puede limitarse a un simple eslogan de “si tomas, no manejes”. Requiere generar conciencia sobre por qué bebemos, en qué contextos lo hacemos y cuáles son las consecuencias de esas decisiones.
Conducir bajo los efectos del alcohol no es solo una irresponsabilidad individual: es un acto que refleja falta de empatía hacia los demás. “La salud mental también implica cuidarnos y cuidar al prójimo”, subraya Videla.
La conducción segura no comienza al encender el motor, sino mucho antes: en la decisión consciente de respetar la vida propia y ajena. La reflexión final del autor es clara: “¿Qué historia queremos contar mañana? ¿La de una celebración que terminó bien, o la de una tragedia que pudo evitarse?”









