Fernando Aramayo, el nuevo canciller de Bolivia, y los desafíos con Chile

El nuevo ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Rodrigo Paz busca modernizar la diplomacia boliviana y tender puentes con países vecinos. Su principal reto: recomponer los vínculos con Chile tras casi medio siglo sin relaciones diplomáticas formales.
El pasado domingo, el presidente de Bolivia Rodrigo Paz presentó oficialmente a su gabinete ministerial, en el que destacó el nombramiento de Fernando Aramayo como nuevo ministro de Relaciones Exteriores. Su designación marca el inicio de una etapa en la que el gobierno boliviano pretende fortalecer la diplomacia y reabrir vínculos con países con los que mantiene tensiones históricas, entre ellos Chile.
Aramayo es un experto en gestión pública y relaciones internacionales, con una trayectoria en organismos multilaterales y de cooperación internacional. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), se desempeñó como Coordinador de Programas y Gestión Institucional en Bolivia, donde lideró proyectos enfocados en diálogo, mediación y fortalecimiento institucional.
Su experiencia también abarca colaboraciones con la Corporación Alemana para la Cooperación Internacional (GIZ), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Agencia de Desarrollo Internacional de Suecia (ASDI), entre otros. Según el PNUD, Aramayo ha trabajado en procesos de transformación de conflictos, así como en formación de capacidades en negociación y diplomacia.
En su primer discurso como canciller, Aramayo aseguró que su misión será “fortalecer la diplomacia boliviana y proyectar la voz del país con dignidad, respeto y firmeza”. Además, adelantó que impulsará una política exterior moderna, soberana, abierta al diálogo y defensora del multilateralismo, con el propósito de abrir nuevas oportunidades comerciales y construir alianzas estratégicas.
Uno de sus principales desafíos será recomponer las relaciones entre Bolivia y Chile, suspendidas desde 1978. Aunque los dos países mantienen vínculos comerciales y sociales informales, no existen relaciones diplomáticas plenas desde hace casi medio siglo.
El presidente Rodrigo Paz ya había adelantado su disposición a reabrir el diálogo con Santiago, asegurando que “hay que dejarnos de ciertas tonterías y fortalecer la relación con Chile, que es real, aunque no esté en papeles”. En declaraciones a Canal 13, el mandatario boliviano enfatizó que su prioridad será “reactivar la economía, generar empleo y combatir la ilegalidad en la frontera, incluyendo el contrabando y la trata de personas”.
Las tensiones entre ambos países han pasado por instancias internacionales. En 2018, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) falló a favor de Chile en la demanda boliviana que buscaba obligar a su vecino a negociar una salida soberana al mar. Posteriormente, en 2022, la CIJ resolvió otro litigio, esta vez sobre el uso de las aguas del río Silala, reconociendo que se trata de un curso de agua internacional y que ambas naciones tienen derecho a un uso equitativo.
El nuevo canciller Fernando Aramayo hereda así una tarea diplomática compleja: mantener la reivindicación marítima como símbolo nacional, pero sin dejar que esta condicione las oportunidades de cooperación con Chile. Su éxito dependerá de su capacidad para equilibrar las sensibilidades históricas con los intereses económicos y sociales que hoy unen a ambos pueblos.









