Científicos chilenos descubren vínculo entre alcoholismo y bacterias intestinales.

Investigación de universidades chilenas identificó cómo fragmentos liberados por bacterias del intestino pueden influir en el cerebro y promover el consumo excesivo de alcohol, abriendo nuevas posibilidades para prevenir y tratar esta adicción.
Un grupo de científicos chilenos de la Universidad del Desarrollo, la Universidad de los Andes y la Universidad de Chile, descubrió una conexión inédita entre la microbiota intestinal y la tendencia a consumir alcohol en exceso. El hallazgo, publicado en la revista Journal of Extracellular Vesicles, revela que las vesículas extracelulares bacterianas (bEVs) —pequeñas partículas liberadas naturalmente por bacterias— pueden transmitir señales al cerebro que promueven el consumo de alcohol.
La investigación demostró que, al administrar bEVs provenientes de ratas alcohólicas a ratas abstemias, éstas desarrollaban una fuerte preferencia por el alcohol en poco tiempo. El fenómeno se anulaba al cortar el nervio vago, que conecta intestino y cerebro, confirmando así su rol en esta comunicación.
“Estos pequeños ‘paquetes’ liberados por bacterias intestinales son capaces de modular comportamientos complejos como la preferencia por el alcohol”, explica Macarena Díaz, autora principal del estudio y alumna del Doctorado en Ciencias e Innovación en Medicina de la UDD.
Los investigadores sostienen que este descubrimiento abre un nuevo campo para tratar el alcoholismo, patología que no cuenta con cura definitiva. “Modificar la microbiota podría convertirse en una estrategia terapéutica complementaria a los tratamientos actuales”, señala Fernando Ezquer, subdirector del Centro de Medicina Regenerativa de la UDD.
El estudio también plantea implicancias hereditarias: la microbiota se transmite de madre a hijo y se han encontrado bEVs incluso en líquido amniótico, lo que sugiere que la predisposición al consumo podría originarse antes del nacimiento.
Aunque se trata de investigación preclínica, los científicos creen que estos hallazgos podrían extenderse a otras adicciones y dar paso, en el futuro, a terapias innovadoras centradas en el eje intestino-cerebro.
