¿Te aburre publicar en redes sociales? Por qué tantos experimentan agotamiento y dejan de hacerlo.

Durante años, compartir en redes fue casi una regla no escrita de la vida moderna. Sin embargo, hoy más personas se sienten sobreexpuestas, desconectadas y cansadas. El fenómeno del “publicar cero” gana fuerza, y expertos explican por qué volver a lo privado podría ser un acto de salud mental.
Hace una década, lo común era registrar y publicar. Ya fuese una selfie, una comida, unas vacaciones o una opinión política, el hábito de compartirlo todo en redes sociales se convirtió en la norma. Pero ese impulso parece estar cambiando, según el escritor y periodista estadounidense Kyle Chayka, quien en una columna del New Yorker afirma que la era del “contenido constante” ha entrado en una crisis de sentido.
“Nuestros feeds solían revelar perlas de contenido sin descubrir; ahora solo se recompensa a las cuentas destacadas. Si no hay garantía de que nuestros amigos vean lo que publicamos, ¿qué incentivo hay para seguir haciéndolo?”, reflexiona Chayka. En su libro Filterworld: How Algorithms Flattened Culture, plantea que las redes ya no son tan “sociales” como antes, sino vitrinas algorítmicas que premian la apariencia, el estilo de vida aspiracional y la repetición de formatos exitosos.
“Se trata más de aspiraciones que de relaciones reales”, dice. Esto ha llevado a una creciente tendencia al zero posting, o “publicar cero”, en que los usuarios abandonan los canales públicos como Instagram y TikTok y se trasladan a espacios privados: grupos de WhatsApp, mensajes directos o plataformas efímeras como Snapchat.
El agotamiento de lo digital
En conversación con BBC, Chayka va más allá: “Quizás las redes sociales fueron una aberración, o un desvío. Esta idea de que toda persona normal debía compartir su vida en público era errónea desde el inicio. Ahora estamos despertando un poco de eso”.
Desde Chile, la psiquiatra Constanza Caneo —miembro de la Sociedad Chilena de Medicina del Estilo de Vida (SOCHIMEV)— complementa esta visión desde la salud mental: “Depender de las redes sociales implica no poder decidir si quiero o no participar de ellas”. Advierte sobre sus impactos: pérdida de tiempo valioso, descontrol del tiempo, exposición no deseada, y dificultad para crear vínculos reales.
“La exposición constante elimina el derecho a crecer, cambiar y equivocarse sin ser juzgados eternamente”, plantea. La psiquiatra destaca también cómo las redes sociales están moldeando las identidades de las personas: “Redefinen quién queremos ser para los demás, cómo queremos ser vistos, y eso impacta incluso en nuestras opiniones y gustos”.
Vínculos reales, presencia real
¿Estamos abandonando lo virtual para reencontrarnos en lo físico? Según Caneo, los humanos somos seres sociales por naturaleza, diseñados para el contacto real: “Ver, oír, tocar, compartir el mismo espacio físico. Nos co-regulamos emocionalmente al estar con otros”.
La soledad —calificada hoy como una epidemia global por la OMS— tiene efectos tangibles en la salud: genera ansiedad, depresión, deterioro cognitivo, y disminuye la calidad de vida. “La desconexión digital puede ser un camino hacia el bienestar emocional”, asegura.
¿Cómo usar las redes sin que nos usen?
La especialista aconseja limitar el tiempo de uso, evitar sesiones largas y pasivas, y practicar una especie de “curaduría del algoritmo”, bloqueando lo que no aporta, buscando lo que sí. “Las redes deben ser una herramienta más para vivir, no la vida en sí misma”, concluye.









