De la expectativa a la realidad: el primer año de la Ley Karin.

La Ley 21.643, que busca erradicar el acoso y la violencia en el trabajo, cumple su primer año con un aumento del 126 % en las denuncias, avances culturales y múltiples desafíos en su implementación.
A un año de su entrada en vigor, la Ley Karin —promulgada tras el caso de Karin Salgado, TENS que se suicidó en 2019 tras denunciar acoso laboral— ha generado un cambio evidente en los espacios de trabajo: las denuncias aumentaron de 2.232 en 2023 a 5.051 en 2024, según la Dirección del Trabajo.
Expertos valoran este nuevo marco normativo como un avance cultural significativo. Héctor Jaramillo, de la Mutual de Seguridad, sostiene que la ley instala un estándar donde “el respeto y la salud mental no son negociables”. Por su parte, Andrea Campos, de la Universidad UNIACC, señala que entrega mayor claridad sobre los mínimos de convivencia laboral y prevención de riesgos psicosociales.
Sin embargo, también surgen críticas. La abogada María Francisca Montenegro apunta a que el “boom” inicial fue más mediático que normativo, y que el sistema resultó ser rígido y lento, afectando a quienes buscan una solución eficaz. Paola Vidal, exseremi del Trabajo, advierte que el aumento de denuncias sobrepasó la capacidad de respuesta de la Dirección del Trabajo.
En el sector privado, Natalia Rodríguez, administradora de una cadena de restaurantes, denuncia mal uso de la ley por parte de trabajadores que presentan disputas personales como acoso, desvirtuando el espíritu de la normativa.
Entre las propuestas de mejora destacan incorporar mediación, sancionar denuncias falsas, adecuar la ley a la realidad de las pymes y fomentar incentivos para las buenas prácticas laborales.
A doce meses de su entrada en vigencia, la Ley Karin ha puesto sobre la mesa una necesidad urgente: ambientes laborales más sanos y respetuosos. El desafío ahora es fortalecer su aplicación y recuperar la confianza de quienes aún esperan justicia.









